So just... give up

 ¿Qué pasa cuando tan solo a los 40 años sientes que no vale la pena? ¿El qué? El todo. Es demasiado, mucho, siempre, todo el rato... No hay estabilidad, descanso o una sensación de paz real. Solo hay ansiedad, prever un futuro incierto y vivir un presente que es, sí, ídem. No, no se trata de grandes dramas. No de grandes traumas, de esos que le ganan un Óscar a alguien. Se trata de vivir ya sin tener ganas de pelea. Habiendo perdido todo lo que en algún momento nos hizo avanzar. Se trata de estancarse por fin... algo que pensaste que nunca pasaría, porque "no soy esa persona, tranquila mamá yo siempre salgo". Se trata de haber acumulado tanto que ya no recuerdas otra manera de afrontar el trabajo que no sea sintiendo que eres inútil, que todo lo que haces es un error y que nunca vas a estar segura de nuevo. Se trata de tener pesadillas sobre estar desnuda o no haber estudiado para el examen, pero a los 40 y con lorazepam siempre a mano. Se trata de temer que ese mismo lorazepam dejen de recetártelo y tengas que sentir la vastedad de la ansiedad, que ya no te deja sino cuando te lo tomas o te tomas uno, y otro y otro y otro y otro y otro vino. Se trata de que ya ni siquiera te preocupe realmente que beber tanto vaya a terminar por enfermarte. Se trata de que ya no te importe ni tu vanidad paranoica de mujer que creció en los 2000s y que siempre pensó que tenía que estar flaca. Se trata de ya no saber estar con otras personas sin convertirte en un manojo semidesquiciado que vomita palabras y que se siente sola en cuanto no habla... aunque esté rodeada de gente que la quiere. 

Y no, no se trata tampoco de dejar de existir. Se trata de aferrarse a existir - o lo que, por lo menos, es una simulación de un existir alegre - con todo lo que tienes: de ahí el vino y otro y otro y otro y otro y otro vino o el hambre insaciable de buena comida o las renovadas ganas de sexo o las peroratas desquiciadas o las horas de baile solitario en casa o los audífonos con música que advierten del volumen ensordecedor... Se trata de buscar recuperar, de maneras claramente ineficientes y destructivas, esa chispa que ya no se sabe dónde está. Esa chispa que tenías dentro, que era tuya... incluso cuando siempre fuiste una persona melancólica, demasiado sensible e incapaz de manejar la incertidumbre. Habías aprendido, habías alimentado esa chispa vital y habías crecido (o eso creías) y ahora eres una mujer de 40 años que se comporta como una veinteañera desesperada por sentir, pero sin la promesa de futuro abierto que dan esos 20 años menos. Porque ahora lo ves, ese futuro. Ya no es incierto. Es cierto y eso cierto es que nunca dejará de ser incierto. Nunca habrá estabilidad, ni tranquilidad. Solo más ansiedad y menos tiempo. Más años y menos certezas. Más miedo y menos valentía. 


Comments

Popular Posts